Tiene que ser caqui dulce y firme. El maduro se deshace al cortarlo, y las variedades astringentes son desagradables sin madurar. Las dulces pierden los taninos solubles mientras crecen, que es lo que las hace comestibles todavía duras.
Tostar las nueces es por el amargor, no por el aroma. La nota áspera y amarga viene de los taninos de la piel; un calor bajo y corto la suaviza mientras la grasa se funde y sale el sabor a fruto seco. Nunca fuego fuerte: la nuez es 65% grasa y se quema rápido.
Poner el aliño a puntos en vez de verterlo tiene que ver con el azúcar del caqui. Con 12,5 g por 100 g, la fruta ya es dulce de sobra. Si todo queda napado por igual, la ensalada solo sabe a dulce. La acidez del yogur tiene que interrumpirla para que la fruta se lea.
La rúcula está por lo mismo. Su amargor equilibra el azúcar.
En números, dos raciones de esta ensalada llevan unos 13 g de fibra: 12 g de los dos caquis (unos 340 g de pulpa) y el resto de nueces y rúcula. La mitad del objetivo diario de 25 g.
El betacaroteno es liposoluble. Es lo que vuelve naranja al caqui, y el aceite de oliva y la grasa de la nuez ayudan a absorberlo. El aliño lleva aceite por algo.
Si cuenta azúcar, dos caquis suman unos 42 g. Repartidos entre dos, 21 g por persona, que no es poco. Con diabetes, baje a un caqui y suba la rúcula.
No haga de esta ensalada su única comida en ayunas. El caqui dulce tiene poco riesgo de bezoar, pero la norma es no comer mucho caqui con el estómago vacío.