No se salte el secado. Es el motivo más frecuente de que este plato falle. El agua en la superficie se convierte en vapor antes de que empiece el dorado, y las coles quedan blandas y pálidas. Si las lavó, séquelas presionando con papel de cocina.
No se hierven por la vitamina C. Las coles crudas llevan 85 mg por 100 g, más que los 53 mg de una naranja. Pero la vitamina C se disuelve en agua y se degrada con el calor, así que hervir manda buena parte por el desagüe. Asar no usa agua y pierde menos.
La vitamina K es lo contrario. Hay 177 µg por 100 g, es liposoluble y la cocción apenas la toca; el aceite mejora la absorción. Si toma warfarina, eso pasa a ser una precaución y no un beneficio: véase abajo.
El ajo y las nueces entran en los últimos cinco minutos porque se queman. Las nueces son 65% grasa y amargan en diez minutos a 200°C. El ajo también.
El limón se añade fuera del horno. Tanto el ácido como la vitamina C son termolábiles.
Elija piezas pequeñas. Las grandes suelen llevar más glucosinolatos y saben más amargas. Las más dulces llegan tras las heladas, en otoño tardío e invierno.