La clave del plato es mantener la berenjena lejos del aceite.
Su interior es una esponja llena de bolsas de aire. Al encontrarse con aceite caliente, el aire sale y el aceite ocupa su sitio. Es de las verduras que más aceite absorben.
En cifras:
| 500 g de berenjena (2) |
|---|
| Al vapor | 125 kcal |
| Frita con 2 cdas de aceite | 125 + 240 = 365 kcal |
Dos cucharadas de aceite son 240 kcal, el doble que la berenjena. Este plato usa una cucharadita de aceite de sésamo: 40 kcal.
Cocerla con la piel hacia arriba es por el color. El morado (nasunina) es una antocianina sensible al calor y al ácido. La piel en contacto directo con el agua, o calentada de más, se apaga. Aunque no hay evidencia de que la nasunina haga nada en personas: conservar el color es cosa de la vista.
Desgarrar a mano es por el aliño. La cara rota se abre a lo largo de las fibras y ofrece mucha más superficie donde agarrarse. Un corte liso de cuchillo deja que resbale.
Extenderlas enseguida para que enfríen también importa. Amontonadas, el calor y el vapor quedan atrapados y siguen cociéndolas. Ahí es donde la berenjena se deshace.
El vinagre no es solo equilibrio. La berenjena cortada se oscurece por la polifenol oxidasa, y el ácido frena esa reacción.
Las cifras, con precisión. 500 g de berenjena dan 15 g de fibra y 125 kcal, con 10 mg de sodio propios. Casi todo el sodio viene de la cucharada de soja.
Y algo dicho sin rodeos: no hay evidencia de que la berenjena baje el colesterol. Dos ensayos aleatorizados con placebo igualaron al placebo. La razón para hacer este plato es el sabor y las calorías, no el colesterol.