El tiempo de cocción decide el plato. El músculo del pulpo está sujeto por tejido conjuntivo rico en colágeno. A los 30–60 segundos las proteínas aún no se han contraído, así que está tierno; pasados los 40 minutos el colágeno se ha fundido en gelatina y vuelve a estarlo. La ventana intermedia es la más dura: las proteínas ya se contrajeron y el colágeno todavía no se ha disuelto.
Sumergir las patas tres veces es por la forma: el golpe de calor encoge la piel y las riza.
Enfriarlo en su agua también es cuestión de encogimiento. Al sacar pulpo caliente al aire frío, las fibras se tensan de golpe.
El pulpo congelado sale más tierno. Los cristales de hielo rompen físicamente el tejido muscular. No hay razón para empeñarse en fresco.
Los números: 500 g de pulpo son unas 410 kcal en crudo, con 75 g de proteína y 5 g de grasa, antes de la patata y el aceite. La vitamina B12 ronda los 100 µg, aunque la absorción de una sola comida se satura cerca de 2 µg.
Puede dejar a un lado la preocupación por el colesterol. El pulpo aporta 48 mg por 100 g: la cuarta parte de un huevo (186 mg), y nada que ver con el calamar (233 mg).
Aliñe en templado. Las patatas tibias absorben el aceite y el limón.
Hierva las patatas con piel. Cuanta menos superficie cortada bajo el agua, menos se deshacen.