Lo más importante de este jarabe no es el sabor, es la seguridad.
Las bayas de saúco crudas no deben comerse, y menos aún hojas, tallos y fruta verde. El boletín semanal de los CDC de EE. UU. (MMWR) recoge un caso de 1984 de intoxicación por zumo de saúco. Los 45 minutos de cocción son en parte para concentrar, pero ante todo por esto.
No omita retirar los tallos. El producto seco también los lleva.
Añadir la miel en frío tiene dos motivos. Primero, el aroma y las enzimas de la miel son termolábiles. Segundo, en líquido caliente el aroma sencillamente se va. Vertida en jarabe hirviendo, la miel no queda lejos del agua con azúcar.
No exprimir los sólidos es cuestión de claridad: escapan partículas finas, el jarabe se enturbia y deja poso al guardarlo.
Y una nota honesta sobre la evidencia.
La evidencia clínica del saúco no va de prevenir resfriados. Una revisión sistemática de 2021 con GRADE, sobre cinco ensayos aleatorizados, concluyó que puede no reducir el riesgo de resfriarse. Puede acortar duración y gravedad, pero los propios autores calificaron la evidencia de "incierta".
Y esos ensayos usaron extractos estandarizados, no un jarabe hecho en casa. Esperar de este jarabe el efecto del ensayo va más allá de lo que sostiene la evidencia.
Cuente también el azúcar. 150 g de miel llevan unos 120 g de azúcar. Repartidos en 16 tomas son unos 7,5 g cada una, aproximadamente dos terrones. Tomado varias veces al día, eso es azúcar que se añade.
Una cucharada (unos 15 ml) es la cantidad habitual, sola o disuelta en agua tibia. No la disuelva en agua hirviendo: eso anula la razón de añadir la miel al final.
Con enfermedad autoinmune, en tratamiento inmunosupresor, o en embarazo o lactancia, consulte antes con su médico.